Del lat. cicātrix, -īcis.
1. f. Señal que queda en los tejidos orgánicos después de curada una herida o llaga.
2. f. Impresión que queda en el ánimo por algún sentimiento pasado.

Existen miradas que nos juzgan, labios que nos humillan y puños que nos hieren; males que engendran un dolor tan crudo que nos resquebraja la piel hasta desgarrarnos el alma y someterla, esculpiendo nuestra existencia con heridas que solo el tiempo hará cicatrizar.

Existen despertares que nos rompen, reflejos que nos incomodan y anocheceres en los que nos cobijamos. Nos debatimos entre las imposiciones de la sociedad y ser, ser tal como sabemos que somos y debemos ser; debe ser por ello que nos resistimos a ser: nos miramos, nos evaluamos, huimos, nos excusamos, intentamos domesticarnos y nos acostumbramos a una realidad herida que solo la valentía para escapar de ella hará cicatrizar.

Existen verdades que debemos asumir, cambios que anhelamos y transiciones que nos harán felices. Y, tras tanto, nuestro cuerpo y nuestro alma vestirán heridas que solo la fuerza hará cicatrizar.

Existen cicatrices que acechan la negación entre golpes y moratones, que se prenden de ira y sangran, o que se asfixian hasta desfallecer deprimidas, pero también existen otras que, finalmente, aceptan. Aceptan el dolor que se produjo al herirnos, también el del perdón que brindamos. Aceptan los miedos en los que nos sumimos hasta encontrarnos con nosotros mismos. Y aceptan su existencia en nuestra piel y nuestro espíritu, reconociendo la historia de la que forman parte y el nexo inconfundible que suponen entre cada uno de nosotros, conformándonos como un todo único, como colectivo.

Existen cicatrices que se tiñen de belleza, que asumen la perfección que descansa dentro y fuera de nosotros, pacientes y tenaces hasta nuestro resurgimiento y recomposición; cicatrices que reafirman su existencia, que abanderan el poder que nos empuja al fortalecimiento, a la curación del ser, meciéndose entre la serenidad y la templanza; cicatrices que se cubren de oro, conocedoras de su valor, permitiéndonos apreciarnos como somos: nuevos, rotos, únicos y en constante e inevitable crecimiento.

 

Cicatrices es un proyecto expositivo que forma parte de Ave y Eva una exposición organizada por Ineditad en Canal Gallery